CARACAS.- El pasado sábado por la tarde, una nueva historia fue escrita para los libros del beisbol. El derecho de los Medias Blancas de Chicago, Phil Humber, se convirtió en el vigesimoprimer lanzador en las Grandes Ligas en conseguir un juego perfecto. Sin embargo, para muchos ese lugar ya tenía dueño.
El venezolano Armando Galarraga, vivió hace casi par de años, una experiencia que comenzó siendo el sueño de cualquier serpentinero y culminó convirtiéndose en la pesadilla que ninguno de ellos desea experimentar.
El 2 de junio de 2010, el nativo de Cumaná subió a la lomita del Comerica Park en Detroit, donde sus Tigresestaban pautados a medirse a los Indios de Cleveland. Galarraga retiró uno tras otro a los primeros 26 bateadores que enfrentó y entonces, algo increíble ocurrió.
Jason Donald conectó un rodado por la primera base con el que todos pensaron se materializaría la gran hazaña del serpentinero, pero el umpire de la inicial, Jim Joyce, tenía otros planes.
Ante el asombro de miles de personas presentes y otros cuantos observando en casa, Joyce sentenció que el pie de Donald había tocado la almohadilla primero que el de Galarraga y la magia del juego perfecto desapareció por completo.
Entre amenazas e insultos, Joyce abandonó el Comerica Park esa noche y observó por televisión, el gran error que había cometido.
Galarraga no tardó en recibir las disculpas por parte del umpire, junto con un vehículo cero kilómetros obsequiado por MLB, para tratar de remendar el daño ocasionado por una terrible decisión. El venezolano mostró su inmensa humildad y ante las incesantes preguntas de los periodistas, respondió con un simple “Nadie es perfecto” y estrechó la mano de Joyce.
A casi dos años de dicho acontecimiento, el derecho ya no se encuentra con los Tigres. De hecho, ni siquiera está en las mayores. Pero si algo es seguro, es que cuando se hable de juego perfecto en Venezuela, la imagen de Galarraga esa noche del 2 de junio, será la primera en salir a relucir.
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